Mañana se levanta la marcha
Una candidatura no nace cuando pide el voto, sino cuando un grupo decide abandonar el perímetro y disputar políticamente la ciudad.

Hay noches en las que un proyecto todavía es campamento y aún no es camino. Dentro de su perímetro se cuentan las fuerzas, se reparten las tareas, se reconocen las lealtades y se aprende a distinguir a quienes acompañan por convicción y a quienes solo esperan a conocer el resultado. Nada de eso se ve desde fuera. Y sin embargo es ahí, en la quietud de las tiendas, donde lo esencial ya ha ocurrido.
Nuestra candidatura se encuentra ahora en una de esas noches.
Mañana se presentan los avales. Ese es el vado. No una frontera en el mapa, sino el instante en que una candidatura, un proyecto, deja de ser una posibilidad privada y se somete a la mirada de toda la agrupación. Cruzar no significa marchar contra nadie: significa aceptar que ya no basta con tener razones; habrá que saber explicarlas, discutirlas y convertirlas en una dirección política compartida.
Cruzamos con armas que no son de hierro: la palabra, la lealtad al partido sin obediencia ciega, el feminismo y la igualdad de oportunidades como bandera, la ambición de gobierno y la voluntad de devolver la agrupación a quienes llevan demasiado tiempo en sus márgenes. Cruzamos, como lo hizo César, sabiendo lo que queremos ser. La historia enseña que las alianzas hechas solo para repartirse espacios terminan consumidas por la desconfianza. Cuando cada parte calcula únicamente su beneficio, la suma no produce un proyecto; produce una tregua. Reparte posiciones, pero no integra voluntades; mantiene un equilibrio, pero no pone nada en movimiento.
Almudena y quienes la acompañamos somos personas con criterio propio, con vida fuera del partido y con la voluntad de participar sin convertir la organización en patrimonio de nadie.
Cruzar no significa declarar la guerra a nadie; tampoco cerrar filas alrededor de quienes ya mandan; significa abrir paso y espacio a quienes todavía conservan la libertad de pensar, discrepar y construir, porque una agrupación no se revitaliza guardando el perímetro; se revitaliza cuando alguien decide salir de él, vadear el río y conquistar la ciudad.
Esta noche seguimos acampados, como hizo César a orillas del Rubicón la noche en que ya lo había decidido todo. Mañana se levanta la marcha.
Sabemos que una elección no se gana con la mejor campaña, sino con el mejor proyecto: aquel que ya estaba pensado, discutido y preparado en la oscuridad del campamento, antes incluso de que nadie pidiera el voto.
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