Año I • Edición No. 1lunes, 31 de agosto de 2026

LA ESCANDALERA

Análisis, teoría política y pensamiento contemporáneo

Setecientas personas y una responsabilidad

Por Roberto Pérez Pastor4 de julio de 20266 min de lectura

Militar en un partido exige una doble responsabilidad.

Almudena Cueto

Uno de los mayores límites de la democracia es que no cualquiera puede representarnos ni gobernar. Los partidos políticos actúan como un filtro, pero también como un instrumento que, en función de su marco ideológico, perfila y construye un proyecto social que posteriormente pone a disposición de la ciudadanía en las urnas. Son después los ciudadanos y ciudadanas quienes validan ese proyecto con su voto.

No es un mal sistema, aunque tiene sus peligros.

Uno de ellos es que determinados perfiles se atrincheren en la política, hagan de ella una profesión de supervivencia y terminen mutando, como esos peces que cambian de sexo, de principios y de colores con tal de mantener su estatus.

El otro peligro es más perverso y hace todavía más daño. Es el que realmente sesga la libertad de la ciudadanía: aquello que se le presenta para que elija y aquello que se le oculta.

Militar en un partido exige una doble responsabilidad.

Por un lado, la responsabilidad interna de defender los valores del partido político que eliges, contribuir con tu trabajo al logro de sus objetivos y visibilizar con el ejemplo los principios y valores que representa.

Por otro, una responsabilidad todavía mayor con la ciudadanía. Porque quienes no militan tienen voz para expresar sus demandas y voto cuando llegan las elecciones, pero nosotros, como militantes, tenemos voz y voto también dentro del partido: voz para construir y voto para decidir qué presentamos y qué proponemos; compromiso y trabajo para elaborar un proyecto que responda a las demandas reales y ordene las prioridades de nuestros vecinos y vecinas.

En un municipio como Oviedo, apenas setecientas personas deciden qué proyecto se presenta a la ciudadanía. Es un ejercicio de responsabilidad tremendo y en ocasiones algunos no son plenamente conscientes de ello.

En psicología existe un tipo de técnica de evaluación llamada proyectiva. Todo aquel que haya tenido contacto con la psicología, como profesional o como paciente, habrá dibujado alguna vez un árbol, una figura humana o una familia para, posteriormente, ese dibujo ser interpretado, desvelando rasgos ocultos de una personalidad.

Lo que un partido discute como proyecto y lo que deciden esas setecientas personas que militan y tienen derecho a voz —para construir— y voto —para presentar— funciona también como una prueba proyectiva de incalculable valor. Permite observar la salud del partido, sus intenciones y la forma en la que mira y se relaciona con la ciudad a la que se dirige.

Lo que dibujamos en unas primarias no es solamente una candidatura. También dibujamos qué entendemos por política, qué relación queremos mantener con la ciudadanía y qué proyecto estamos dispuestos a ofrecerle.

Quienes ven y dibujan en este escenario la ciudad como un experimento, como un campo de entrenamiento y maniobras o como una especie de adiestramiento para quien todavía no ha hecho suficiente servicio militar, faltan profundamente al respeto de la militancia y de los vecinos y vecinas de Oviedo.

Oviedo es un municipio, no es una bañera para mezclar gaseosa.

Un proyecto sin más aval público visible que el perfil de quien lo representa, y cuyo argumento interno es el mismo que el de una escuela de capataces, no es un proyecto de ciudad. Es una operación táctica interna y una ofensa a los vecinos y vecinas de Oviedo, que esperan de nosotros algo más que espectáculo interno y buenas palabras.

La ciudad no puede ser el campo de formación o de prácticas para nadie. No podemos pedir a los vecinos y vecinas que aplacen sus necesidades y confíen su futuro a alguien únicamente porque necesite adquirir experiencia, para completar una etapa.

La responsabilidad de un partido no consiste en buscar un proyecto para una persona. Consiste en elegir a la mejor persona para representar un proyecto.

Quienes, tras la deserción del capitán después de llamar a la contienda, desde los restos de un naufragio, intentan legítimamente construir una candidatura a partir de sucesores designados, proyectan sobre la ciudadanía de Oviedo que el partido, además de su músculo, ha agotado también sus ideas. Que no tiene nada nuevo que ofrecer a su militancia ni a sus vecinos, más allá de seguir fiscalizando al que gobierna para que lo haga bien.

Este proceso es especialmente importante en cualquier municipio y, para nosotros, especialmente en Oviedo, nuestra ciudad, donde apenas setecientas personas deciden qué se ofrecerá a quienes tenemos aquí nuestro proyecto de vida: nuestra familia, nuestros amigos, nuestro trabajo y los servicios públicos que lo sostienen.

Algunos lo tuvimos claro no solo cuando mostramos nuestra negativa a participar en un proyecto continuista de ejecutiva, sino cuando nos comprometimos y presentamos a la militancia una candidatura plural: personas muy diferentes, con trayectorias y sensibilidades distintas, que a través del diálogo hemos construido un espacio común.

Durante este último año hemos demostrado que aquello no era un “quítate tú para ponerme yo”. Hemos tratado de reconstruir un marco ideológico y, dentro de él, un proyecto reconocible que presentar a la ciudadanía de Oviedo. Hemos discutido, discrepado y, aun así, acordado, desde la convicción de que la pluralidad no consiste en pensar todos lo mismo, sino en construir juntos algo que nos represente.

Tenemos un proyecto de ciudad. Y no presentamos cualquier perfil para liderar un proyecto de cambio. A quien lo lidera no la ha elegido una corriente ni un despacho: la ha elegido un año de trabajo en común.

Queremos que, cuando terminen estas primarias, lo que se presente a la ciudadanía proyecte un partido con ideología, renovado en sus ideas, con una fuerte vocación municipalista, orientado hacia las personas y, sobre todo, responsable con los valores que representa, con su militancia y con sus vecinos y vecinas.

Todo militante debe ser consciente de la responsabilidad que encarna. Probablemente nadie le pedirá cuentas por su decisión. Pero tendrá que responder, aunque sea ante sí mismo, a preguntas incómodas como las que en ocasiones me hacen a mí: “Pero, ¿de dónde habéis sacado a esa persona?”

Para que nadie equivoque el rumbo, el norte de este proyecto se llama Almudena Cueto. Y es la persona para la que os pido el aval a quienes podéis darlo.

Nuestro proyecto de ciudad no parte como un experimento ni como una estrategia táctica de partido. Todos los compañeros y compañeras que integramos este proyecto, después de tantos años de militancia, seguramente hemos vivido algún que otro naufragio. Pero hemos tenido tiempo suficiente para alcanzar la costa, aprender de la experiencia y, mediante el diálogo, construir algo nuevo.

Ha exigido responsabilidad y también renuncias.

Por eso os pedimos que avaléis esta candidatura. No solo como un acto de responsabilidad con nuestros compañeros y compañeras, sino también con nuestros vecinos y vecinas de Oviedo. A los que no les debemos una maniobra interna bien ejecutada ni buenas palabras. Les debemos que, cuando miren lo que el partido ha decidido presentar frente a las políticas de la desigualdad, no encuentren un experimento, sino una ciudad pensada y una alcaldesa para gobernarla. Almudena Cueto.

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