Solvencia y autonomía
La cuestión de fondo es quién está preparado para gobernar y poder hacerlo con la autonomía política que otorga una clara mayoría.

Tres candidaturas superaron el corte de avales. Ciento veinte, ciento quince, ciento diez. Diez firmas separan a la primera de la tercera. Y las tres juntas suman trescientas cuarenta y cinco, en una agrupación cuyo censo ronda las setecientas personas: trescientos cincuenta militantes no han avalado a nadie. Casi el triple de los que sostienen a la candidatura más avalada. La conclusión aritmética es sencilla: no ha ganado nadie.
Los avales miden la capacidad de movilizar a quien ya te conoce. No miden la voluntad de la militancia, porque la militancia todavía no ha hablado: habla depositando el voto. Quien gane no lo hará con las firmas que tiene, sino con los votos que aún no ha pedido nadie.
Unas primarias pueden ser dos cosas: un procedimiento de decisión, donde se elige entre proyectos, o un procedimiento de ratificación, donde la decisión se tomó en otro sitio y el voto sirve para vestirla de legitimidad. Se parecen mucho por fuera, pero se distinguen en un punto: en la segunda, la campaña no busca convencer, sino desalentar; porque un militante que se queda en casa también vota, aunque no lo sepa. Vota por quienes contaban con eso.
Preguntar a las tres candidaturas qué quieren para Oviedo no sirve: las tres contestarán bien y contestarán parecido. Las preguntas útiles son otras dos.
La primera es una pregunta sobre solvencia, y no es una cuestión de currículum, sino de responsabilidad del partido. Oviedo es la capital de Asturias; se lleva perdiendo desde hace demasiado tiempo, y quien la dispute tiene que llegar sabiendo cómo funciona un gobierno el primer día, no para las siguientes. Nadie puede fingir que eso da igual.
La segunda tiene que ver con la autonomía. Casi nunca se hace. Gobernar es decidir, y decidir es poder decir que no: a un despacho de arriba, a un compromiso adquirido, a quien te sostuvo cuando aún no eras nadie. Quien llega debiendo favores no gobierna: administra deuda. Y las deudas de una candidatura no las paga la candidatura: las pagará la ciudad, en forma de decisiones que nunca se tomarán.
Almudena Cueto pasa las dos preguntas. Llega preparada y llega sin hipoteca. Pero esa libertad para decidir no es una virtud suya: no la trae puesta. Solo podemos dársela la militancia, y solo de una manera. Una candidatura que gana justa o en segunda vuelta llega negociada; una candidatura que gana con claridad llega libre. La libertad de un proyecto no es una cuestión individual; es colectiva y la conforma la mayoría.
Los trescientos cuarenta y cinco militantes que ya hemos avalado y el resto que no ha avalado a nadie tendremos que responder a estas preguntas el domingo 19. El municipio entero de Oviedo nos estará mirando.
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